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Game over

Publicado 09/11/2021 | 20:00

Gracia Jaroslavsky. La diputada entrerriana analiza los efectos que puede provocar una dura derrota electoral oficialista.

Tengamos o no noción del idioma del mundo, todos sabemos que cuando la pantalla dice game over significa fin. Hoy empieza la cuenta regresiva hacia un lunes 15 que nos preocupa más que el domingo 14.

El domingo 14 asistiremos a la crónica anunciada del comienzo del fin de una época, pero el lunes no sabemos cómo nos adaptaremos a esa nueva realidad y habrá más preguntas que respuestas.

“El mercado” -eso que representa el capitalismo, rige el mundo material en el cual vivimos y regula el pulso de la actividad económica- si hay algo que no tolera es la incertidumbre, reacciona mal a la política débil, necesita un poder omnipresente para orbitar.

Si algo habrá en la Argentina del lunes es incertidumbre. Pero las crisis traen nuevos órdenes y sensibles oportunidades, y este tránsito no es extraño ni disruptivo, por el contrario, es consecuente con el proceso que se inició hace dos años con la pandemia.

En realidad, se inició mucho antes, pero iba penetrando las capas subterráneas. No lo vimos hasta que un día irrumpió brutalmente en nuestras realidades, rompió lo que tenía que ser roto y desnudó lo que tenía que ser desnudado. Hubo muerte, miedo, soledad, incertidumbre. El piso se abrió a nuestros pies. 

Quizás nuestra conciencia colectiva no lo procese todavía, pero nuestras conductas, nuestros deseos, nuestras metas han cambiado. No somos los mismos. Ese cambio irá irrumpiendo en el mundo, y si algo tiene la Argentina -o mejor dicho los argentinos-, es su pertenencia al mundo aún a pesar del esfuerzo nacionalista de algunos gobiernos. 

Hay pueblos cuyas raíces son tan profundas que pueden vivir un poco descontaminados de los procesos globales, pero cada vez son menos. La Internet se ha transformado en las venas del mundo y por allí circula la sangre que llegará al último rincón conectado de la tierra.

Para los que tenemos una visión holística, este nuevo tiempo va a mostrar la telaraña, los hilos imperceptibles que enlazan al hombre y a la naturaleza con una conciencia universal. Ese pasaje es inexorable. 

El lunes, con un gobierno confuso y aturdido, nunca bien predispuesto a la derrota, deberemos agudizar nuestra racionalidad, guardar las emociones, y aprender y enseñar la paciencia, la palabra y el acuerdo como ordenador de un nuevo escenario.

Este tiempo es tan fuerte, tan contundente, que no deja lugar a dudas, no deja resquicio donde esconderse. 

Una foto de estos días para ayudarnos a presumir lo que viene. En la vidriera del G20, el presidente fue una foto tras otra de desaciertos inverosímiles.

Cristina, el reaseguro de poder, aparece más vulnerable que nunca cuando debe ser sometida a una histerectomía ¡Le sacaron el útero! Simbólicamente es muy fuerte que a la mujer más poderosa del país, la madre del poder, le hayan extirpado su centro energético más poderoso,  y esto no tiene que ver con ser madre o no, con ser joven o no, tiene que ver con sentimientos atávicos, tiene que ver con un lenguaje que quizás muchos no comprendan o juzguen absurdo, o incluso condenen, pero si prestamos atención, si percibimos lo sutil, es probable que advirtamos que este momento de Cristina es correlativo con el advenimiento  de un tiempo que no la tendrá en el centro del poder.

El universo es implacable.

El advenimiento de este tiempo será un desafío para todos, el desafío de poner en valor lo que hemos vivido, lo que la naturaleza con la pandemia nos demostró, lo que la naturaleza nos está gritando. Es el tiempo que trae la necesidad de vivir con valores éticos, con moral ciudadana, con respeto por el otro, por las instituciones, es tiempo de exigir y ser virtuoso.


Fuente: Parlamentario